
El martes pasado se aprobó en lo general y en lo particular la ilegal Ley Antitabaco, tanto en el Senado de la República como en la Asamblea Legislativa del D.F., siendo esta última la mayor perseguidora de los fumadores, artífice de la jitomatiza y pesquiza en despoblado y sin ton ni son, puesto que su bienhechora legislación prohibe fumar en cualquier espacio cerrado, imponiendo altas multas y severas sanciones en caso de reincidencia, como si se tratara de algún acto genocida o algo por el estilo.
Más allá de si se es fumador o no, efectivamente hay que reconocer que se esté tratando de contribuir a la salud pública y a la reducción de enfermedades para niños y personas ajenas al tabaco. No obstante, considero que no es la manera correcta, puesto que los legisladores, en actitud de prostitutas redimidas o no se de qué, imponen su santa voluntad por encima de la libertad y los derechos de una minoría de 20 millones de "adictos".
Resulta pues increíble que se preocupen por atacar un sector que si bien es dañino, no lo es tanto como la desmedida contaminación provocada por diesel y desechos tóxicos industriales. Vivimos en el único país donde puedes ver lo que respiras y sin embargo, te preocupas por lo hábitos personales de alguien más.
Veremos pues cuánto dura su loable dictamen y cuántos políticos, gente influyente o mortales enardecidos plomeamos al primer mesero imbécil que se atreva a decir "Aquí no se puede fumar señor, es un lugar libre de humo"; o simplemente podremos ampararnos en que dicha ley viola el artículo 1º constitucional. Luego entonces, tendrán que darse cuenta los estupidísmos senadores y asambleistas que la cárcel va a estar llena de fumadores y no de asesinos, violadores, rateros y diputados, como debería estar. Afortunadamente esta norma pronto será letra muerta, puesto que los bares, antros o tables, son lugares para ADULTOS, por lo que todo acto que emane de ellos resulta de una decisión personal ADULTA y no de una burda imposición.
















